Jun 012016
 

Durante la sesión de Mayo del Aula de Género continuamos tratando el tema Género y Salud. Fue una sesión especial porque nos trasladamos a Bustarviejo, como apoyo a la Campaña de Prevención de Violencias Machistas que está llevando a cabo este municipio. Estuvimos cinco mujeres y dos hombres.

Como es habitual, comenzamos con una relajación guiada que nos ayudó a conectar con nuestro cuerpo y a aterrizar en la sesión desde la toma de conciencia de cómo estamos, cómo nos sentimos en ese momento.

En la última sesión habíamos reflexionado sobre cómo la salud también está atravesada por el género. En esta segunda parte la propuesta fue acercar este tema a nuestras experiencias individuales y desde ahí iniciar el debate. Para esto nos ayudamos de unas siluetas a tamaño real que dibujamos en papel continuo, sobre las que reflejamos un mapa de colores que simbolizaban diferentes aspectos relativos a nuestra salud. Esta técnica nos ayudó a hacer un mapa colectivo de problemas de salud resueltos y no resueltos. Fue una manera muy visual de empezar a pensar juntas, y salieron cuestiones como:

Si no duele algo, ¿no existe?”

Si no me preocupa, ¿está resuelto el problema de salud? Entonces, si me tomo una pastilla que me quita el dolor, ¿ya está resuelto?”

A veces no es tan fácil definir si un problema de salud está resuelto o no resuelto: ¿Extirpar (por ejemplo las amígdalas) es resolver?”

La segunda parte de la sesión, amenizada por unos bizcochos deliciosos y una infusión, consistió en una tertulia dialógica sobre una entrevista a Carme Valls, endocrinóloga y experta en salud diferencial entre hombres y mujeres, (Fuente: http://www.fuhem.es/ecosocial/noticias.aspx?v=9914&n=0 ). Esta técnica nos permitió construir conocimiento colectivo a través del diálogo generado a partir de la lectura del texto. Muchos son los puntos que nos llamaron la atención y nos hicieron llevarnos las manos a la cabeza por las desigualdades que existen en relación a la salud, y que provocan que todas (y en menor medida, también todos) seamos lo que Inmaculada Romero denomina “víctimas del género”.

Nuestra conclusión fue que la socialización de género perjudica la salud tanto de hombres como de mujeres, llevándose estas la peor parte a causa de la desigualdad social (una parte de su merma de salud tiene que ver con las sobrecargas domésticas y la doble jornada laboral) y la desigualdad en la propia atención sanitaria, que no considera adecuadamente sus necesidades.

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