Jul 102018
 

UNITOPÍA

No fue ni en un lugar, ni en un momento cualquiera, fue donde tenía que ser, en el momento oportuno. Ocurrió de repente, cuando un día, aunque pudiera haber sido otro, antes o después, un grupo de personas, unas que estaban muy descontentas con la dirección que estaba tomando el mundo, se reunieron. Lo hicieron porque desde hacía tiempo, necesitaban compartir esa sensación de desconcierto e incomprensión con lo que estaba ocurriendo. Fue una reunión más, de las muchas que se estaban sucediendo en muchas partes del mundo. Pero por esa época y en este y algún otro país, se sucedían con mayor frecuencia reuniones de consternación.

En este encuentro concreto, sólo estaban personas de aquí y no de cualquier otro sitio.  Nuestra historia transcurrió en la Sierra de Madrid. Por esos tiempos, las personas descontentas pretendían compartir su inquietud con otros que también buscaran comprensión, y quisieran reafirmar sus ideas, confirmar sus intuiciones sobre lo que tantas veces “los amos” y sus seguidores les habían dicho que no tenía importancia. Ellas, sin embargo, consideraban con firmeza lo contrario.  También se juntaban por otra razón: Soñar con algo diferente, algo que acabara con el individualismo, la injusticia y la desigualdad.

Así fue como aquellas personas descontentas fundaron una Utópica Universidad. Nadie quería protagonismo, tampoco querían beneficios económicos o políticos, tan sólo acercarse a algo que fuese lo más parecido a lo que ellos querían que fuera, un lugar para compartir su idea del mundo. Se fueron creando espacios para pensar, reflexionar,  discutir y trabajar sobre  las cosas importantes: la agricultura que nos alimenta; el papel de la mujer en la sociedad; el uso ético de las tecnologías; las sinrazones del capitalismo, recuperar la historia perdida de la Sierra y acercarse a las memorias de los mayores, tan necesaria para conocer en qué punto nos encontramos; Se aprendían prácticas de consumo más justas y saludables para todos que respetaran la naturaleza; buscaban alternativas para las energías fósiles y la gestión de residuos; escribían textos literarios juntas; analizaban el estado psicológico de los grupos y de las personas que los formaban y muchos otros temas. En definitiva, hacían lo que cualquier otra universidad tendría que hacer, mejorar lo que no funciona, sin más. 

 No poco ambiciosas en su intención, estas personas descontentas, que provenían de lugares aledaños, intentaban crear un espacio de discusión y trabajo colectivo donde poder compartir con otros sus preocupaciones y buscar el modo de alcanzar un mundo en armonía con su verdad. Porque la “verdad” si bien no es única, sí lo es para cada ser humano, aunque muchos seres humanos comparten puntos en común de sus verdades.

Los “Descontentos”, en algún momento creyeron que el resto del mundo también se animaría a participar, a compartir emociones y a trabajar para cambiar la situación, acabando con el desenfrenado estado de individualismo, desigualdad e injusticia. El comienzo fue intenso, y muchas de las gentes del lugar se animaron a participar. 

Pero poco a poco la ilusión y las fuerzas se fueron desinflando, hasta que seis años después del inicio de aquella utopía, las voces de las gentes del lugar ya se escuchaban lejos, meros ecos del comienzo. Muchas de las compañeras que habían generado la ilusión y voluntad para luchar se iban difuminando como el trazo de un pincel al quedarse sin tinta. 

Sin embargo, el corazón de la idea, la UNITOPÍA, era fuerte, más fuerte que todo aquello, y ellos, simplemente no lo sabían. Les afligía que esta creación dejara de existir, que se fuera a extinguir dolorosamente como la llama de una vela apagada por una leve brisa. Lo que no pensaban, es que, en realidad, eso nunca ocurriría. Este proyecto había estado vivo más de seis años, sembrando su parcela de esperanza, construyendo el inicio de algo nuevo, informando sobre puntos de vista alternativos de la realidad. Había estado sirviendo de pilar para algo más grande y más perpetuo.

¿Y por qué sería algo más grande? Porque la raíz era dura y resistente y pronto brotarían los primeros tallos.

¿Dónde aparecería el verdor de esa planta? ¿Cómo podría llegar a ser su tamaño?

Eso nadie lo sabía, pero una cosa estaba clara, las próximas generaciones sabrían que otra forma de organizarse fue Posible, porque había existido y por eso, sólo por eso, lo volverían a intentar, lo mejorarían, y lograrían de nuevo un cambio mayor. 

Y al final comprenderían que todo lo que tiene una gran raíz, siempre acaba germinando, una vez, otra vez y así infinitamente en todos los rincones de esta tierra.

Memoria Viva

Universidad Popular de la Sierra Norte

UNIPOSIBLE

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